Aprende a encontrar

TU anclaje

¿LISTOS?

Hay días que no se olvidan, que dejan recuerdos  tatuados en el alma, y el día antes de mi boda es uno de esos.

Recuerdo que tenía toda la mañana libre, por la tarde había concertado cita para hacer la manicura y venían mis primas a dormir a casa.

Pero la mañana era mía, después de muchos días de ajetreo, al despertar me di cuenta de que ya estábamos en la recta final, y no quería que los nervios me jugasen una mala pasada.

Aquel día de primeros de agosto brillaba el sol y la temperatura era muy agradable. Me calcé unas playeras, puse unos pantalones cortos con una camiseta y metí agua y fruta en la mochila.

 

A los que vais a enfrentaros a una celebración tan importante como es el de vuestra boda, os digo que busquéis un momento para vosotros, un momento de paz, un momento de admiración de la belleza, un momento que podáis describir con los cinco sentidos y al que podáis retornar con sólo cerrar los ojos.

La paz interior os tiene que acompañar en los momentos de nervios que se avecinan, para poder disfrutar hay que estar atentos a cada momento, a cada emoción, a cada detalle, a la vida.

Para que la organización y el resultado de la boda sea un éxito pararos a pensar qué queréis y cómo os gustaría disfrutarlo,

¿lo visualizáis?

Cogí el coche y, no recuerdo si había o no tráfico, me planté en la playa para pasar unas horas de relax. Caminé por la orilla sintiendo las olas romper en mis piernas, me senté a la sombra de unas rocas a comer una manzana y a observar el paisaje. Recuerdo el color del cielo, el azul reflejado en el mar, la espuma de las olas blanca y envolvente, y si cierro los ojos aún noto el calor del sol en mis hombros, oigo el vaivén de las olas y siento la arena introducirse entre los dedos de mis pies. Paz.

Esa sensación de paz me acompaña a lo largo de los años, es mi anclaje, lo que necesito para centrarme, tan necesario como respirar.

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